sábado, 25 de abril de 2015

Introducción al sadismo.

Aquella mañana..

El limitado y escaso tiempo del que disponían dejaba poco espacio para desaprovecharlo.
 Ya empezaba el álgido y lluvioso otoño. El verano se iba. Las clases comenzaban y hasta que no volviese a hacer el típico bochorno veraniego no la llevarían al pueblo, no volvería a percibir el agradable olor del labrantío de sus abuelos.
Accediendo a la propuesta de Marco; Brianda decidió dejar la gandulería creada durante el transcurso del verano y levantarse pronto.
Los planes eran perfectos, echar una partida a la Play, un suculento almuerzo y el último baño en la piscina del verano; exquisito.
De no ser porque los planes se torcieron, todo hubiera sido insuperable.
                                                                       -

`Ding dong´..  `Ding dooong´. Brianda estaba preciosa, con sus largos cabellos cobrizos, sus pecas y sus ojos destellantes de alegría. Marrones incandescentes, con un aire verdoso.  - ¡Abre! ¿Estas ahí? ¡Tío, esta te la devuelvo!- Empecé a gritar de mala manera. A punto de irme, oigo retumbar las escaleras del chalet. Un leve sonido salía de las rejillas de la ventana.
-Brianda, espérate. Que ya voy. Impaciente.- Se oía girar la cerradura- Pesada, que eres una pesada. Anda pasa, y deja las cosas ahí. Aunque no se ni para que te digo nada si te tomas tu solita las confianzas. Cuando termines sube a mi habitación. -
-¡¡VOOOOOOOOOOY!!

Que bien se me daba vociferar. Al subir a su habitación pude observar dos vasos llenos de alcohol; y varios cigarros encima de la mesa.

-¿Tío que es esto?¿Desde cuando bebes?
- Se que no es algo nuevo para ti; así que ya sabes. Yo invito. Cortesía de la casa, guapa.
No me extrañaba nada, absolutamente nada. Ni siquiera su manera de mirarme, fría y calculadora; tierna y suave. Sin embargo yo, tan susceptible e ilusa, creyendomelo todo.
Ante los efectos de la bebida y el cansancio pudo desvestirme e inmovilizarme perfectamente. Me fije que la única que había bebido aquel brebaje era yo; solo yo..
Al darme cuenta de la realidad empecé a gritar e intentar moverme pero él ya tenia el control. -¿Marco, que estas haciendo? ¿Que hago desnuda? ¿¿QUE HACES?? ¡¡AY!!
Sentía que algo rozaba mi clitoris, y seguidamente un dolor intenso e insoportable. La sangre caía sobre mi piel, me estremecía, yo solo temblaba y balbuceaba.
Mis pechos estaban mojados por el sudor de la angustia. Chorreaba. El pelo de las cejas se llenaba de agua; juro que me quedé inconsciente por un momento.
Al alzar la mirada noté su cara de satisfacción. No la había perdido; me la robó.
                                                                    -
Se oyen los pasos; una muchacha temblorosa corre por la calle. Entra en la comisaría y con una vocecita avergonzada exclama:
-Querria.. bueno; quiero.. denunciar una violación.

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