Otro día más, común y corriente, caminando por las gélidas calles de Madrid, cuando me percaté de que detrás mía caminaba alguien.
Sus pasos iban al unísono que los míos. Comenzaba a anochecer y debía ir a casa a hacer la cena. Tampoco tenia prisa alguna..
Los pasos se oyen más cercanos cada vez, hasta llegar a centímetros cerca de mi.
Lo unico que recuerdo de ese momento es una áspera mano apretando mis labios, y tapando mi nariz con un.. ¿Pañuelo?
...............
Era una habitación fría, con una sola cama, hecha de hierro, con un colchón y una sabana tapándolo. Olía a humedad y moho, pero no era desagradable.
Me encontraba desnuda, encima de aquella sábana, tan suave..
De rodillas, con las manos atadas a la espalda, y la boca tapada con un trozo de tela; tenía los pezones duros, los escalofríos recorrían mi cuerpo constantemente.
Intenté desatarme pero aquello era imposible; lo habían anudado minuciosamente.
Había un consolador encima de la cama.. Uno de esos que giran y vibran y tienen un mogollón de cosas chachis.
Tras varios intentos, fallidos de cogerle, desistí y me puse a gritar; a ver si alguien estaba allí.
Pasados unos veinte minutos, mas o menos, oí que alguien llegaba.
Una sombra enorme abrió la puerta de par en par; llegó hasta donde yo estaba y me susurró al oído:
- Como sigas gritando; putita, te prometo que te vas a arrepentir.
Era un hombre alto, corpulento, muy atractivo. Llevaba unos vaqueros y una camiseta roja.
Me miraba con cara de deseo, esos ojos verdes..
Gimotee, como pude, asintiendo con la cabeza.
-No te voy a desatar; si quieres que te desate; tendrás que ganártelo.
Me quitó la venda de la boca, se bajo los pantalones, los calzoncillos y me dijo que se la chupase.
Lo hice; deseaba ese momento desde hacia mucho tiempo. Su polla estaba tan rica.. me la metió hasta la garganta.
Pero no había problema, porque me cabia enterita.
Me desató las manos, me dio un poco de margen para estirarme; y me las volvió a atar.
Esta vez, por delante. Apretando mis pechos.
Empezó a lamerme los pezones, luego a estimular mi clitoris, me sentía tan bien, tan libre, sin angustias, solo placer. Ni siquiera me preocupaba quien fuera aquella alma bondadosa que me estaba dando tanto placer.. Estaba tan feliz en aquel momento que se me escapó una sonrisilla.
- ¿De qué te ries? Zorra.
No me dio tiempo a responder; me volvió a tapar la boca y me puso a cuatro patas.